Sonoridad: Kim a la tercera potencia



Cuando Kim Gordon publicó su libro 'Girl In A Band' nos indicó el camino, desde el título nos explicaba la perspectiva y encapsulaba en pocas palabras una idea que persiste aún en la actualidad. En el tiempo en que todavía se creía que el lugar de las mujeres no era en el rock, se les consideraba una anomalía, parte de un proceso histórico de invisibilización dentro de la música en general, sin embargo tres vocalistas llamadas Kim decidieron ignorar los parámetros impuestos durante décadas y se convirtieron en el faro para las dos generaciones de músicas que les siguieron.

Kim a la tercera potencia, el nombre como un nodo histórico desde el cual se rastrean muchas cadenas de influencia y asociaciones; madrinas de movimientos y a menudo presentadas como el amuleto de la banda, por supuesto sin reducir la explosión del talento experimental que produjeron en sus respectivas bandas: Pixies, The Muffs y Sonic Youth.

Probablemente el nombre es una coincidencia generacional (las estadísticas indican que entre los años 50 y 60 sus variaciones eran comunes en Estados Unidos), pero cuando se trata de hablar de alguna Kim, siempre la repito tres veces por cuestiones de influencia y lo que significó para cada una encontrarse justo debajo del pináculo de la energía de una banda, en un territorio donde continuamente los periodistas musicales cuestionaban la presencia de una mujer en un grupo o sentían la necesidad de valorarlas por su belleza.

Kim Gordon ejerció su voz crítica respecto al concepto en 'Boys Are Smelly: Sonic Youth Tour Diary '87', un artículo para Village Voice que a su vez criticaba el número dedicado a mujeres rockeras de Rolling Stone (famoso por incluir únicamente cantantes de pop) y cuestionaba la insistencia en señalarla como una curiosidad dentro la historia o etiquetarla como dulce para regocijar miradas masculinas.



Para la Kim de Ohio significó combatir la frase “no bleeders” que le impedía tocar en las bandas locales y criticar con cierto cinismo la estructura misogina de la industria discográfica que le sugería usar el nombre de su esposo para ser respetada, aquello de ser conocida como Mrs. John Murphy funcionó largamente como una broma en Pixies.


El caso de Shattuck es un poco diferente, siendo parte de la escena Paisley Underground y bajo la influencia psicodélica de los sonidos de los 60, le resultó más natural colaborar en proyectos mixtos y deslizarse del punk californiano a la escena alternativa de los 90, sin embargo eso no evitó que se cuestionara en el exterior su liderazgo en The Muffs.

Escribir de ellas en la actualidad resulta algo natural, el espacio democratizado de Internet donde las mujeres buscan información sobre mujeres permite que aparezcan sitios especializados en las historias silenciadas, pero en la época en la que los textos sobre música solo existían en papel, las tres Kim eran un referente, trascendían las etiquetas de primero hermosas después talentosas y las listas de chicas en una banda de hombres.

Cuando se trata de discusiones sobre el impacto que las músicas han tenido en la música popular muchas parecen pasar por alto el trabajo de Kim Deal, Kim Gordon y Kim Shattuck en sus respectivas bandas, sus nombres dieron forma al sonido de la música estadounidense a lo largo de los años 80 y 90, transmitían un poderoso mensaje con un legado atemporal y la inspiración como un brillante ejemplo de independencia de las etiquetas.

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